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LA OPINIÓN DE TENERIFE-CULTURA -ESCRITOS DEL CIBERCAFÉ
El Foro Internacional conmemorativo sobre el bicentenario
de la independencia iberoamericana que acoge la universidad lagunera
ha reunido a profesores y académicos de numerosas instituciones educativas
para dialogar sobre la ética de la emancipación en la era del neoliberalismo.
Cuando el estudiante de medicina Ernesto Guevara cruzó medio continente en moto no estaban de moda las cumbres iberoamericanas como la que ocupó hace días en Estoril a una parte de los jefes de gobierno, tampoco se había destapado el tarro de las esencias literarias en Macondo de la mano de Gabriel Garcia Márquez y menos aún habían nacido los personajes inventados por el enormísimo cronopio Julio Cortázar en su exilio parisino, pero allí estaban las ruinas conmovedoras del Machu Picchu a la espera del joven argentino que estaba forjando su destino.
Por suerte, ya los libros de texto de bachillerato sobre lengua española cuentan en algún que otro episodio lo extraordinario que nos embriaga en medio de la realidad más anodina, el recurso imaginativo de la palabra que es capaz de pulverizar los sentidos homologados de la vida común y hacernos ver la increíble verdad que yace entre los datos más cotidianos, eso que ha venido en llamarse realismo mágico en la experiencia estética de la América con mayúsculas que tras siglos de colonialismo europeo ha sabido volcar la mirada sobre sí misma y alcanzar al menos en teoría su mayoría de edad.
Precisamente no hace mucho llegó a mis manos un libro original del escritor Max Jiménez, un autor natural de Costa Rica, el único país del mundo sin ejército, desconocido aquí a pesar del enorme parentesco con las islas a la hora de reivindicar las expresiones del habla vernácula frente al castellano de academia real, pero los estudiosos de las letras hispanas siguen empecinados en la tradición importada desde Madrid y aún celebrando entre citas bibliográficas el modernismo inaugural del nicaragüense Rubén Dario, sólo con boca chica reconocerán en público la importancia capital de nuestro Tomás Morales con sus Rosas de Hércules en la historia universal.
Este síndrome de rechazo a lo propio puede alcanzar unas dosis realmente preocupantes cuando en el panorama internacional no llegan los ecos de nuestras aportaciones creativas que se ven anuladas por la falta de visibilidad, algo que salta a la vista en una famosa antología latinoamericana hecha por el crítico Florencio Martins que jamás imaginó junto a los versos encabezados por el genial martinicano Aimé Césaire que las firmas de otros isleños provenientes del atlántico norteafricano tenían por derecho propio su lugar entre los márgenes de la poesía más surrealista.¿Seguiremos ignorando a pie de calle que fue el poeta canario Silvestre de Balboa quien fundó las letras cubanas?.
Ahora que está teniendo lugar un foro internacional en la universidad lagunera para debatir sobre la ética de la emancipación en la era del neoliberalismo, como una oportunidad genial para el intercambio de experiencias con profesores venidos de Antioquía y Chiapas para estrechar nuestras orillas en la lucha por la justicia social y la plena igualdad de género, aprovechando la reciente elección democrática del tupamaro Pepe Mújica como presidente del Uruguay ataviado con guayabera, tal vez tengamos frente a nuestras propias narices esa otra realidad que espera a las miradas extraviadas por la normalidad televisada, los deseos de cambio que alientan a los pueblos en su largo camino de la historia, a fin de cuentas, los destellos visuales del artista chileno Leo Lobos que irradian sin lógica matemática el mismo juego de utopías que cautivó en su día al Che.
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